Pocas veces me regocijo en la alegría ajena tanto como en el dolor ajeno, pero esta vez supongo con alto nivel de certeza en que estarán de acuerdo conmigo en que vale la pena hacerlo. (¡mooonda oración larga!)
El Sr. Carlos Mal Pacheco recibe en escasas horas a su amada Bérénice. Ella llega para quedarse con él.
No creo conocer (aunque es un eufemismo, no los "conozco" de la forma que comúnmente se usa la palabra tan bien como me gustaría) a dos personas que merezcan más la dicha que les espera que ellos dos. Por el mero pinche hecho de existir y de ser tan cabronamente talentosos, si quieren una excusa.
Así que Mal y Bérénice, un gran abrazo simbólico desde este rincón genérico. Lo mejor y gracias por hacer que su alegría sea tan grande que aunque no lo sepan, se permea y se comparte.