Thursday, August 31, 2006

Canal 5 al servicio de la comunidad.

(sí, sí, “padece de sus facultades mentales” y todo eso ¬¬ *sheesh* )

Mis escasos, escasas pero por igual estimadísimos lectores:

 
 

Lamento informarles que este, su weblog favorito desgraciadamente atraviesa un indefinido periodo, afortunadamente temporal de pausa.

 
 

Algunos de ustedes ya lo saben, otros lo ignoran, pero el autor y protagonista de las peripecias que aquì se narran (el mismísmo René Jiménez) atraviesa una deprimente y traumática etapa de recuperación tras un lamentable accidente laboral que lo ha dejado desvalido, lisiado y a dos pasos de un guiñapo inservible.

 
 

Resulta que entre mis mañas y malas costumbres estaba el hábito de apoyar los codos sobre el descansabrazos de la silla en la que trabajo. Resulta que llevo trabajando en el ramo del diseño y de la edición de video (aparte de largas sesiones de videojuegos) poco más de 7 años. Resulta que es altamente nocivo para el bienestar de los tejidos que conforman la articulación del codo esta postura; sobre todo el mantenerla en lapsos de 8 a 14 horas diarias. Llámenme ingenuo, llámenme descuidado.

 
 

Al menos durante los tres meses que nos esperan estará esta situación en vigor. Un respetuoso saludo a toda la gente que lee esto, gracias por su paciencia y por favor no dejen de leer… voy a intentar escribir ALGO aunque me duela hasta la médula de las más recónditas profundidades braquiales. A ver, ¿Quieeen los quiere, eh?

 
 

En la Fig. 1.1 se aprecia la horrible lesión. Pero si no son puros de corazón solamente podrán ver una venda en mi codo.

 

 

Cheerio, Toodleoo & Pip!

 

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Posted by Loko at 04:41:39 | Permalink | Comments (16)

Wednesday, August 16, 2006

Cayendo por la cascada, Parte 2

Bueno, para todos aquellos y aquellas y aquestroas que se quedaron en ascuas, clamando al cielo por la continuación de mis burradas les digo ahora: Apaciguadse los unos a los otros. Sí, hoy entro de lleno a lo que me compete.


Juro solemnemente que para el final de éste capítulo se narrará con lujo (y confort Laughing
) de detalles el evento que le da título a esta aventura. Con lujo de detalles me refiero, por supuesto, a todos aquellos puntos que los harán reír y a mí revivir los incómodos dolores que supone caer. Y caer por más de cuatro metros cabeza abajo por una zona pedregosa con declive pronunciado es por calificarlo de una manera eufemística, como supongo que usted habrá deducido gracias a su capacidad de abstracción, descojonantemente doloroso.
Recuerdo que en nuestra exploración de la zona descubrimos que, tras vadear por el lecho de un río pequeño aledaño a las pilas de aguas termales, por donde corría agua dulce y clara de manantial, se llegaba a una cascada. No como las del Niágara al Norte, ni como las de Basaseáchic al Oeste (ignoro si los nombres de las cascadas llevarán acento en realidad) sino más bien a una deforme parodia de las antes citadas. Es más, era lo que supongo un ratón percibe al ver el agua de una tubería rota desbordarse por una banqueta erosionada, pero para nosotros era LA CASCADA. La cascada subía (y el agua, evidentemente, bajaba) por una pared de roca pelada (eso es, sin pelos – no estoy usando “pelada” como el pintoresco y coloquial sustituto de “fácil”) hasta un estanque turbio pero tranquilo de unos 10 metros de diámetro. Las profundidades de dicho estanque, gracias a la semi-estancada agua, eran insondables, pero no parecían albergar monstruos lovecraftianos ni plesiosaurios inconcientes de su extinción. De todas maneras le sacamos la vuelta.Data el caso curioso que una avanzada de estudiantes-campamentistas treparon y tomaron la delantera (pues sí, ¿verdad? Eran la avanzada después de todo) y descubrieron allá arriba un ojo de agua con la mística forma de un ocho, de donde se desbordaba el agua de manantial fría y prístina que bajaba hasta formar la cascadilla y posteriormente el arroyo que muy posiblemente fuera a dar al afluente de un río, el cual desembocaba en el mar donde a muchos kilómetros de distancia se encuentra el fin del mundo. Apabullados por tales cuestiones filosóficas propias de un yogui o un bubu* hindú me encontraba yo cuando anunciaron los instructores (jóvenes de preparatoria y un maestro)  que el campamento recién alzado se movería alrededor del ojo de agua bautizado (vaya ironía y derroche de creatividad) como “El Ocho”. Eso implicaba no solo desmantelar el trabajo de toda una tarde, sino escalar con las mochilas. ¡Pero la estupidez y el peligro no son más que alicientes para los bravíos pre/postpúberes  que acampan en despoblado! ¡Oh,  no! Son leña para la hoguera de bravura y despampanante temeridad. Así que todos entusiasmados por la propuesta y sin considerar la hueva que sería bajar al día siguiente tras dormir mal y con las mochilas llenas de ropa mojada, nos dispusimos a subir la empinada pared de roca que nos separaba del glorioso Ocho.  

Ahora, todos ustedes recordarán de mi post anterior que mencioné a cierto gordito de tendencias flatulentas. Como habrán deducido con el dedo, yo era de los que no llevaba repelente de mosquitos y me aventuraba al mundo de la calefacción natural nocturna en el reino de las carpas y los riesgos de salud por aire contaminado. Pues no conforme con enrarecer el aire, este bonachón obesito iba delante de mí en la escalada. Sea por la vertiginosa altura de un metro, a que eran sus pininos en el magistral arte de la escalada o debido a la inseguridad de llevar el lastre la mochila mas la panza, el pobre joven se movía a razón de un milímetro por hora. El ascenso, antes raudo y presuroso se convirtió en un cuello de botella que el Distrito Federal envidiaría.

 

Yo, siempre el corazón benévolo (léase: por macizo y presumido) quise poner el ejemplo del ritmo y la gala con la que se debía escalar. Lo puedo recordar y visualizar como si lo hubiera visto en tercera persona o en un viaje astral: Ahí voy, bordeando las carnes extras de mi compañerito, aferrándome salvajemente con los dedos entre los recovecos rocosos y acertando en ocultos resquicios mis tenis,  subiendo un metro, dos metros, tres y hasta cuatro.Ah. La desgracia nos ataca siempre cuando estamos en la cúspide. Lógico, al desviarme para rebasar a mi rechoncho compinche (me encanta escribir sonsonetes) a solamente dos o tres  metros de alcanzar mi destino y el famoso Ocho tomé una ruta alterna a la del resto del grupo, la cuál me llevó más cerca de la cascada de lo que debería haberme aproximado; en uno de los asideros donde mis manitas alpinistas cayeron desafortunadamente había una especie de escaloncillo donde el agua, estancada, formaba formidable cúmulo de algas, posiblemente talofitas (más conocidas como “lama”) de naturaleza resbalosa. Aquí viene la parte curiosa. Primero una mano, luego la otra, luego las dos a la vez… manoteaba desesperado intentando recuperar el equilibrio ya perdido. Porque ciertamente, lo había perdido por completo antes de caer. Mi cuerpo ya se había despegado de la seguridad de la pared de piedra, arrastrado por la mochila cargada de latas de atún (que a la fecha, caso curioso, conforman un 48% de mi dieta) impidiéndome meter no sé, los dientes o una tercera mano que me brotara del pecho para agarrarme de lo que fuera. No sólo giré 180° por mi eje vertical, sino que por mi eje axial (¿o será sagital?) también. En fin, con el punto muerto de mi balance al nivel de los tobillos, me voltee como tornillo en el aire quedando cabeza abajo y con la cara hacia el lado contrario de la pared. Rebotando y rodando (pues no era TAAAAAN exagerada la pendiente como para hacerme caer lejos de las piedras) me fui dando trastumbos, marincuepas, volteretas y suertes varias que harían la envidia de un acróbata de circo epiléptico. Think Homer Simpson** made of rubber.Oh dios. Uno no comprende la esencia ni la naturaleza de la dureza de las rocas, su baja capacidad elástica y lo afiladas que pueden llegar a ser hasta que se va golpeando repetidamente contra una masa de ellas con un volumen equivalente a un millón de veces su cuerpo, o más a altas velocidades. Lo extraño y metafísico de este asunto, al cual les invito a cavilar, es que aún  impulsado por la maldita gravedad (aumentar la velocidad de un cuerpo terrestre hacia el núcleo del planeta a razón de 9.81 metros por cada segundo cuadrado*** transcurrido) y por el mochilón de campamento la caída hizo que el tiempo se detuviera prácticamente. Fue así como formulé mi teoría (recientemente presentada en Viena ante un foro de sabios científicos duchos en lo de la física cuántica) de que el tiempo es una ilusión sometida a los parámetros de la mente humana con la absurda intención de arbitrariamente limitar la relación espacio (distancia física) con la persistencia en la memoria de los sucesos (distancia metafísica). Mejor no ahondo en este tema que se les pueden quemar las neuronas y posiblemente les sangre la nariz. Pero con la mano en los testículos (no se asusten, es la forma antigua y real de dar un “testimonio”) les digo que todo transcurre más lentamente, como en la Matrix cuando le tiran balazos a Neo.         El sonido de los “oooh” y “aaah”s  y de los “a este imberbe ya se lo cargó el payaso” llegaba a 50% de su velocidad normal y retumbaban guturales en mis oídos… las caras de sorpresa, de risa, de auténtica preocupación (“chin, me lo van a cobrar como si sirviera”) de cada uno de los campistas y de los maestros… demasiados volumen de datos para procesarlos en una hora fueron absorbidos en cuestión de fracciones de segundo. Hasta el pedo que se echó el gordito del susto en mi cara cuando pasaba al nivel de su trasero fue metabolizado para deducir que por la abundancia de azufre y sus derivados era de los que empacaba burritos con huevo y chorizo para el camino. Conté hasta las gotas que caían de las piedras salpicadas bajando junto a mí. Sin embargo ese tiempo en suspensión (por llamarlo de alguna manera, por eso no uso reloj y ya dije que no creo que el tiempo exista –menos para un ser inmortal como yo) desemparejaba el delicado tejido de la realidad, y no podía durar por siempre. Una bocanada de aire que tomé para empezar a gritar bastó para acelerar los cuadros de esa película a velocidades obscenas.Continuará…*Gracias, Hanna-Barbera.
** Gracias, FOX Network.
***Que alguien me explique que demonios es un segundo cuadrado.

Posted by Loko at 03:21:31 | Permalink | Comments (16)

Saturday, August 12, 2006

Cayendo por una cascada - Parte 1

A veces me pregunto si no lo soñé.

No no no. Está muy mal empezar así… parece libro de romance gringo barato, de esos donde sale una ruca con lentes y buenota (representación idealista de las muy respetables damas obesas que se quieren ver reflejadas como la sufrida personaje principal) desgarrándole el pantalón a un aparentemente desinteresado Fabio. No es que haya leído nunca esos libros, pero me imagino que así deben de empezar…

Pero sí, a veces me pregunto si todo esto no fue una fantasía mafufa que de tanto contar distorsioné y exageré. Luego me doy cuenta que no debería de estar haciéndome esas preguntas tan estúpidas que ni puedo ni vale la pena contestar. Ni que fuera una vieja buenota con gafas rasgándole la camisa a Fabio.

En fin, el ser que protagoniza esta anécdota soy yo. Siento desilusionar a las hordas lectoras que esperaban que fuera una vieja buenota o con lentes. Los lentes los tengo, pero básicamente los uso para estar frente la computadora y en aquella remota época no los necesitaba…

El año no lo recuerdo con exactitud. Sería tal vez el 93 o hasta el 95, pero estoy seguro que se trataba de un año anterior a que me crecieran pelitos en ambos sobacos. Que asombroso es no poder acordarse de un año en particular, pero sí que tus neuronas almacenen el dato que antes del 96 me crecía vello en la axila derecha mientras que la siniestra segía lampiña. Recuérdenlo ustedes también, que vendrá en el exámen.

Dictó el destino que en esos años anduviera yo involucrado junto con otros alumnos de cierta escuela ultraderechista, machista y ultraviolenta en convertirme en un moderno Indiana Jones (tercermindista / región 4, dirían algunos) asistiendo a campamentos que según nuestros padres “nos harían hombres” y forjarían nuestro carácter al vernos enfrentados a las adversidades de mamá naturaleza.

Adversidades tales como decidir rápidamente y con responsabilidad entre calentar la sopa maruchan o ir a cazar venados para subsistir de su carne (Falso, en realidad la encrucijada ética por la que atravesabas era calentar la maruchan o abrir una de las 30 latas de atún con vegetales y el paquete de galletas saladas). Dormir con doble repelente de mosquitos aunque eso te hiciera sentir la piel aceitosa o arriesgarte a entrar dentro de la carpa donde estaba el compañerito gordo y pedorro. Enfrentarse ante la horrenda disyuntiva moral de hacer pipí en el árbol que estaba a 20 o el que estaba a 30. Ustedes chicos citadinos no saben a que clase de horrores fuimos expuestos en ese infierno que nos alienaba de la tecnología y el trato siempre amable del mundo civilizado y los sanitarios.

No no no, aquellos sí que eran tiempos duros. Abominables.

Pero nos encantaban.

En realidad no podía dejar de soñar en esos tiempos (en los que aún no sueñas con Monica Bellucci visitándote a la alcoba… grrr) con que llegara el día de los dichosos campamentos. Era de las pocas cosas que realmente podía (puedo) presumir: conocía un gran porcentaje del estado de Sonora en su estado más salvaje desde que era muy jóven.
Sabía miles de técnicas de orientación, alimentación y supervivencia. Podría haber dado cursos a los biólogos de National Geographic, o destripar a un depredador alienígena con trampas de mezquite sin los músculos de Arnhuld Schwarzengmondas, así de pesado. Y todo eso sin usar shorts mariconcitos de los boy-scouts.

Aquella ocasión los poderes superiores decidieron que el escenario ideal para deshacerse de nosotros eran las paradisiacas aguas termales en Aconchi, un bello paraje ingeniosamente llamado “Agua Caliente”. Y vaya. El agua es hasta donde recuerdo suficientemente caliente. Creo que la leyenda cuenta que hasta podrías cocer langostas, pero como nadie llevaba langostas no pudimos desmitificar la leyenda. Habrá que escribirle a Adam & Jamie de Mythbusters si queremos saber la verdad al respecto.

Así es, habíamos asentado el campamento - actividad que nos debería de llevar 10 minutos - usualmente tomaba unas 6 horas, los pobres nenes cremitas sufrían aparentemente de “car lag” después de estar con el traste depositado en el asiento del carro. Era un caluroso día de Agosto, que curiosamente en Sonora es el peor mes para salir a vacacionar por el mugroso calor deshidratante, y el peligro acechaba a la vuelta de cada esquina (aunque no hubiera paredes) y debajo de cada roca (de esas sí había un chingo)…

Fin de la primera parte. Esperen la que sigue…

Posted by Loko at 00:53:16 | Permalink | Comments (9)

Monday, August 7, 2006

Soir De Fete tiene que ser una de las canciones más felices de la existencia

Bueno, así es, este jóven desequilibrado y maloliente disfruta HOY de su primer día oficial de vacaciones, y vaya que los está disfrutando. 

Para comenzar les diré que el tipo que compuso (y tal vez dirigió a los músicos) del Soundtrack de Amelie- el tipazo Jan Tiersen (¿spelling?) hizo con su cancioncilla  Soir De Fete (¿noche de fiesta? je ne parle ni madre du francois) a un René Jiménez superlativamente gozoso. Go zoso, go zoso, GO!

Pues inspirado por la música y el vaso brutalmente enorme de té verde helado liptons que me acompaña les cuento que por fin he decidido empezar con lo único que realmente vale la pena contar en un blog: Recuerdos y Anécdotas vergonzosas que hacen las delicias del respetable.

Estas historias de corte jacarandoso y florido (ya no sé ni que demonios ando escribiendo) fueron bautizadas en el pasado remoto como las “aventuras con el peligro”. Claro que, al ser yo prácticamente inmortal e invulnerable se trata de una exageración, en realidad deberían de llamarse “memorias exageradas de los accidentes chuscos del increíble hombre goma en su adolescencia temprana”… pero ese nombre, aunque apegado a la realidad, es difícil de recordar y sobre todo aburrido, pues no lo usamos.

Así que tercer planeta del sistema solar, internautas no analfabetas, público meta-inteligente y para-conocedor, preparen sus mentes y sus corazones y sus calzoncillos y/o pantaletas (según corresponda) para leer en la próxima entrada el renacer de…

 

LAS AVENTURAS CON EL PELIGRO ONLINE, Part Deux

 

Presentando como capítulo 1- hasta que consiga rescatar esa madre de cuando me dejaron olvidado en Kino;

la anécdota de cómo fue que caí 4 metros cabeza abajo por una cascada

y de cómo soporté el terrible ataque de las sanguijuelas…

 

 

Stay tuned ;)

Posted by Loko at 21:01:17 | Permalink | Comments (10)

Saturday, August 5, 2006

Como dirían mis hermanos (no literalmente) gabachos: Ack!

He de admitir que me encuentro terriblemente atareado y cansado por el trabajo, por eso no ha habido actualizaciones y me han faltado uno que otro mensajillo por contestar, pero ya mañana (bueno, técnicamente HOY) me hago acreedor de mi primera semana de vacaciones.

Ayer por fin pude ver la película de “House of the flying dagger” donde sale la asian-megababe de la señorita Ziyhi (¿spelling?) en fin, de eso les cuento luego, ¿sobres?

Posted by Loko at 17:47:47 | Permalink | Comments (1) »

Tuesday, August 1, 2006

mhh

he estado considerando sus sugerencias. Gracias a la gente de todos los rincones dle mundo por participar, sobre todo a la gente de Finlandia. Skjold, Ingeborg, Aslö y Êrgam, no sé que haría sin su valioso apoyo y sugerencias.

 ¬¬

 Ehm,

he descubierto que el blog se ve mucho mejor en Firefox que en el internet explorer. Acá más bonito con unos círculos alrededor de la imágen del centro superior, si has estado viendo mi blog con el explorador de Microsoft te has estado perdiendo una bonita experiencia.

Agh. Son las 9 de la mañana ando todo sofocado y lagañoso pero tengo que ir a trabajar. No mamen, cómo los quiero para hacer esto - neta que me deberían de valer madre.

Posted by Loko at 17:37:43 | Permalink | Comments (6)